2025-11-28 00:00:00

QUERIDA CRIS

Autor: Manuel Machuca

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Uno va teniendo una edad y sabe que el final, si no el definitivo y mortal, sí al menos de una etapa importante de la vida, está cada vez más cerca, y por ello, a veces se pregunta cómo será él día en el que le comuniquen que hasta aquí hemos llegado. Uno se imagina, y quiere imaginarse lo mejor, pero a veces la vida nos da la oportunidad de presenciarlo en la vida de otros. Y así fue como sucedió ayer.

Ayer se despidió Cristina. Para quien lea esto y no la conozca, Cristina apenas ha rebasado los treinta años, pero decidió dar un giro a su vida y aceptar otro trabajo. Y se fue.

Cristina es un ser de luz. La mejor investigadora de nuestro departamento, que lo es, sin duda, no es lo que mejor la define. La define su alegría, su generosidad hacia los demás, su ayuda y disposición en todo momento. Cristina es una mujer que vive en un barrio de trabajadores, y puedo entender perfectamente, sin saber mucho más, aun a riesgo de equivocarme, lo que supone personas como ella en sus familias, en sus barrios. Como también entiendo el rechazo que produce a ciertas personas de otra procedencia.

Fue emocionante asistir a su día de despedida. Compañeros y compañeras agradecidos por su trabajo, por su decencia, por su compromiso para sacar adelante el grado de Fisioterapia en la universidad. Y también por cada día que nos ha sacado de un atolladero informático, que nos ha ayudado a fundamentar una revisión sistemática, que nos ha acercado a casa, al metro...


Pero no solo fueron los compañeros del departamento. Investigadores de otros departamentos, personal de diferentes áreas de la universidad, los que han compartido con ella la confección de horarios, los que cuidan del bienestar de los estudiantes, los compañeros de laboratorio... Gracias, gracias, gracias, esa fue la palabra que todos repetíamos. Nadie quería finalizar el día sin despedirse de ella.

Aun así, me perdí lo más emotivo. Si ya las lágrimas eran parte del guion del jueves 27 de noviembre, que llegasen sus alumnos a despedirse de ella mientras almorzaba, que muchos escribiesen correo electrónicos llenos de agradecimiento hacia Cristina, superó todos los intentos de contención de las emociones.

Querida Cris,

Gracias por lo que ha supuesto tenerte cerca estos tres años, gracias por nuestros desayunos, nuestras risas, por tus visitas a ver si necesitaba algo, por tus esperas. No he podido ser más feliz trabajando que hacerlo cerca de ti.

Gracias porque has sacado lo mejor de mí, por la alegría que me has contagiado, por lo fácil que es la vida cerca de ti (sobre todo, si tengo un problema con el Excel).

Si siempre he envidiado a Juan Carlos, imagínate ahora que te marchas. Y quédate tranquila, porque has superado el reto con sobresaliente. Te pregunté si te marchabas o huías. Y hoy sé que te marchas, y que a tu edad has dado una lección a quien esté dispuesta a aprenderla. Tú llevarás siempre tu luz, y quienes nos quedamos hoy un poco más a oscuras somos nosotros. Recordarte nos hará superarlo. Esos son los deberes que nos dejas, la evaluación continua que debemos superar. Gracias por esa última lección de vida, que sin duda hará que los que te queremos deseemos seguir aprendiendo de ti más allá de nuestras aulas.

Hoy sé cómo me gustaría irme gracias a ti, Cristina y cuánto tengo que aprender para lograrlo.

Hay una frase muy manida en la pérdida de un ser querido que dice que siempre se van los mejores. No seré yo quien la pronuncie. En todo caso, lo que me sale de las tripas es pronunciar una frase similar en el sentido contrario. Espero que no por mucho tiempo.

Te quiero.