2026-08-01 00:00:00

GRACIAS

Autor: Manuel Machuca

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31 de julio de 2026, festividad de san Ignacio de Loyola. Dos y media de la tarde, sube la persiana automática de la farmacia. Nos despedimos. Se cierra la persiana tras de nosotros. Carmen y yo regresamos a casa. El calor es sofocante, y el espíritu, agradecido. Fin.

31 de julio de 2026, punto y aparte de una trayectoria que deberá continuar escribiéndose con al menos un buen espacio en blanco, como un nuevo capítulo. Finaliza una trayectoria que comienza de la mano de mi madre, Marina González Jiménez, allá por 1964, cuya licencia ha estado ligada a mi familia a lo largo de estos sesenta y dos años, ya que a mi madre la seguí yo y después Carmen, mi esposa, desde 2013 hasta ahora. Sesenta y cuatro años después entra Juan a dirigir la farmacia y solo le podemos desear que llegue a disfrutar, a aprender, de la vida, no solo de los fármacos, como hemos podido disfrutar nosotros.

El camino de regreso a casa no es muy largo, aunque esos veinte minutos de caminata en lo más tórrido del verano pueden llegar a convertirse en eternos. Pero es un día especial, es el último en el que lo recorremos por obligación. Es momento de hacer un recorrido mucho más largo, por el que surcan los recuerdos de lo vivido durante tantos años, a pesar de que en mi caso hace tres que tomé la decisión de dar un giro a mi vida y embarcarme de forma integral en el mundo académico de la Universidad Loyola, una experiencia que me está dando muchas alegrías y aprendizaje pero que hubiera carecido totalmente de sentido si antes no hubiera pasado por esa escuela de vida que es una farmacia de barrio, primero junto a mi hermana Marina en el barrio de la Plata, y después en la calle Marqués de Pickman del barrio viejo de Nervión.


La memoria es selectiva. Yo tengo mis recuerdos de lo que la farmacia ha sido para mí, al igual que Carmen tiene los suyos de treinta y un años de trayectoria unida a los vecinos. Mi trayectoria ha sido más intermitente, tanto en el tiempo, por haberme ausentado en diferentes momentos a lo largo de los años, como por el hecho de haberme dedicado preferentemente a la consulta de pacientes. Pero también se remontan a mis años de niño, cuando jugaba en la puerta durante las interminables guardias de fines de semana que mi madre debía atender, o la visita a los billares que había junto a La Ponderosa, para aligerar el tiempo eterno de la espera. Mis recuerdos me traen a la memoria aquellas primeras guardias nocturnas en las que Angelita y Luisa se peleaban por llevarme algo de cenar, o cuando Luisa, perdida la batalla de la cena, acudía a las siete y media de la mañana a llevarme un café y una tostada de su bar.

Recuerdo a mi madre trabajar con el tesón y el afecto que nos dejó como legado, lo mal que me lo hizo pasar un auxiliar en retirada, la vida junto a Maricarmen y a Tere, los momentos tan durísimos que pasamos y que el tiempo y el afecto, la nobleza, nos permitieron superar. Pero tampoco puedo olvidar aquella consulta, en la que ejercimos lo imposible, en la que veíamos a unos quinientos pacientes al año tensando hasta el límite la sostenibilidad económica de la farmacia por realizar una actividad asistencial moderna, única, de la que disfrutaron nuestros alumnos de prácticas tuteladas de diferentes universidades españolas y extranjeras y farmacéuticos de todas partes del mundo, de Estados Unidos o Grecia, de Colombia o Brasil, de Portugal o de Bélgica, de Holanda, de Argentina, de Chile, de México, de Perú... De tantos y tantos lugares para tratar de prender una mecha que todavía hoy dista mucho de prender, y de lo que es responsable último una administración sanitaria poco patriota y una profesión inmovilista que se resiste a dar pasos al frente que vayan más allá de lo puramente cosmético.

Pero hoy no es día de criticar sino de agradecer. El camino de regreso a casa, al fin y al cabo, qué es la vida sino un regreso a casa, fue eso, agradecimiento.  Agradecimiento por haber disfrutado de una vida profesional plena, por haber conocido a personas extraordinarias, con una valentía para afrontar la vida y un coraje tremendo, ¿verdad, Encarna? Gente que ha sido escuela de vida, con la que hemos aprendido sus valores verdaderos sin que nos escriban en ninguna pizarra o nos presenten un Power-Point.  Y es que, como dijo san Ignacio de Loyola, el amor se debe demostrar con hechos reales y no con palabras vacías.

Son las tres de la tarde. Entramos en casa y vemos el ramo de flores que nos ha regalado Bidafarma, nuestra cooperativa, el brazo que nos acoge y nos ha protegido siempre. Recibimos con alivio atravesar la puerta . Pero es mucho más fuerte la sensación de haber cumplido con la vida. De haber entregado lo mejor de nosotros y de haber recibido el regalo inmenso de lo vivido junto a esa familia no elegida que ha alimentado nuestra vida y no solo en sentido estrictamente económico. También lo dijo san Ignacio, en todo amar y servir. Eso ha sido para nosotros la farmacia, amor y servicio. ¿Qué premio mayor hemos podido recibir?

Qué buen final tiene esta historia, qué capítulo tan extraordinario. Pero la vida no termina aquí. Hay otros capítulos por escribir. En mi caso llevo escribiendo uno desde 2022, año en el que me incorporé a la universidad. En el caso de Carmen, hace un tiempo en el que también comenzó a trazar otro. Qué alegría de haber vivido lo vivido. Qué satisfacción saber que contamos con las herramientas que aprendimos a utilizar durante todos estos años. Lo mejor está por llegar, porque la vida es un regalo que hay que disfrutar. Y que no hay mayor ni más pleno disfrute que aquel que surge de entregarte a los demás. Dando todo recibimos todo. Probablemente es el único secreto que guarda la vida. Continúa el camino.

Gracias, farmacia, gracias a quienes habéis formado parte de ella. Gracias.

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2026-08-06 23:07:00
También y quizás sobre todo, es de agradecer a la vida, el haber sido acompañado y acompañar durante tantos años a una pareja con la que además poder compartir alegrías y sinsabores. Cuando esa compañía falta, algo o mucho se derrumba...
Gracias por compartir tus experiencias
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Manuel alonso 2026-08-01 17:18:00
Enhorabuena, me encantó el texto como todo lo que escribes, en esta nueva etapa os deseo que la vida os devuelva todo lo bueno que habéis dado, profesionalmente y que sigues haciendo, eres el espejo, donde los auténticos amantes de la profesión farmacéutica se quieren mirar.
Que lo disfrutéis con salud muchos años y que Elena y yo lo podamos ver.
Gracias por todo lo que nos enseñas.
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Gregorio Verdugo 2026-08-01 12:53:00
Cuántas palabras y cuánta literatura habitan en esa farmacia. Cuántos cafés conversados. Gracias por ser como eres, Manolo. Y siempre gracias por lo bien que escribes. Un fuerte abrazo.
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Rocio 2026-08-01 12:48:00
Enhorabuena a los dos. Manuel y Carmen. Que alegría leer el tiempo que habéis dedicado a los demás luchando para llevar a cabo un trabajo digno.
Orgullosa de conoceros, de coincidir en la carrera y ojalá sigamos viéndonos aunque ya no seamos vecinos.
Un abrazo