¿NECESITAMOS LOS FARMACÉUTICOS LEGITIMIDAD SOCIAL?
Después de más de 30 años de la aparición del artículo de Hepler y Strand sobre las oportunidades y responsabilidades en atención farmacéutica resulta cuanto menos paradójico si el problema acerca de la implantación de servicios de gestión integral de la medicación puede reducirse a si este tipo de servicios funcionan o no o a si los farmacéuticos pueden aprender o no a ejercerlos. Me refiero, que quede claro, a la práctica asistencial propuesta por Cipolle, Strand y Morley, no a la proliferación de actividades clínicas que hemos ido rebautizando como atención farmacéutica sin compartir necesariamente su filosofía, su método ni, sobre todo, su asunción de responsabilidad.
Existe un amplio desarrollo metodológico que sobrepasa ya las propuestas de los profesores de la Universidad de Minnesota, y es probable, y existe, capacidad de formación a profesionales, hay evidencia clínica y económica de resultados. Sin embargo, su incorporación estable a los sistemas sanitarios del mundo sigue siendo muy limitada. Entonces, ¿qué es lo que pasa? Y no, no se trata de volver a investigar sobre barreras y facilitadores para la implantación. Otra vez, no.
¿No será que quizá llevamos años
formulando mal la pregunta, y que, en lugar de preguntarnos únicamente por las
barreras que impiden implementar los servicios nos deberíamos preguntar por qué los
sistemas sanitarios no han llegado a considerar suficientemente necesaria y
legítima esta responsabilidad profesional como para incorporarla
estructuralmente?No basta con que seamos
competentes (saber hacer), que nos autoricen legalmente a hacerlo (poder hacer),
sino que debemos adquirir la legitimidad social, ser reconocidos como los que
debemos hacerlo.

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